Baley - María Isabel Pérez - Pintora Gallega - Pintura Gallega - Paisaje - Bodegones - Flores - Floreros

Baley Estudios y Actividades.- Peritaje y Profesor Mercantil. Pintura y dibujo con : Rus, Carlos Sobrino, Castro Couso y Martinez Pasarín, además de con diferentes pintores en sus años jóvenes. Se dedicó a la enseñanza de dibujo de tres cursos en la Escuela de Comercio, además de Dibujo Publicitario, Publicidad y Propaganda y otras asignaturas, durante veinte años y a la PINTURA con sus exposiciones reseñadas Título de Académica Superior de la Academia de Arte”GRECI-MARINO”. Italia. BIBLIOGRAFÍA.- Correo del Arte (Madrid). Plástica Gallega (Vigo). Gran Enciclopedia Gallega (Tomo 24, pag. 125) Pintura Contemporánea, en Galicia por Fernando MON (pag. 107 y 141). Arteguía España. Guía Europea de Bellas Artes 2000 y 2002. Artículos en revistas y periódicos. Antología del Bodegón 2003. Barcelona. Diccionario Enciclopédico Internacional de Arte Moderno y Contemporáneo 2004/2005 “ALBA”. Italia Pérez Sánchez, María Isabel. Natural de O Carballiño (Orense), comenzó su actividad pictórica como alumna del pintor galaico-argentino Alberto Castro Couso y de Ana Martínez Pasarín. Cuenta en su haber con numerosas exposiciones, las más importantes celebradas en Vigo, Madrid, Lugo, Puerto Banús, etc., así como la participación en la V Bienal de Pontevedra. María Isabel Pérez, que firma sus obras con el seudónimo de Baley, realiza una obra inscrita en una modalidad expresionista, con matices de neo-figuración. Su pintura está en posesión de un jerarquizado valor cromático, y a través del dominio de la luz enriquece la vibración de los colores. Su especial significación del paisaje queda valorada, precisamente, en los tipos del mundo gallego y en las peculiaridades cromáticas de su entorno, lo que valoriza positivamente su pictografía en el carácter y la expresión. Es una buena observadora, y, en cierta medida, seguidora del magisterio de Torres y Maside. (F. M.) EXPOSICIONES BALEY 1978.- Exposición al Aire libre en la Plaza de la Princesa. VIGO. 1979.- Sala de Exposiciones del Real Club Náutico. VIGO. 1979.- Sala de Exposiciones Maestro Mateo. SANTIAGO DE COMPOSTELA. 1979.- Sala de Arte “Quixote”. MADRID. 1980.- Sala del Paraninfo de la Diputación de PONTEVEDRA. 1980.- Salones del Casino “Nueva Andalucía” de Puerto Banús. MARBELLA. 1980.- Sala de Exposiciones del Casino de VILLAGARCIA DE AROSA. 1982.- 5ª Bienal Internacional de Arte de PONTEVEDRA. 1983.- Galería Richeliu. MADRID. 1984.- Nueva Sala de Exposiciones de la Caja de Ahorros Municipal de VIGO. 1985.- Sala del Aula de Cultura de Caixa Galicia. LA CORUÑA. 1986.- Exposición de Alecrín. VIGO. 1987.- Nueva Sala de Exposiciones de la Caja de Ahorros. VIGO. 1987.- Sala de Cultura de BAYONA LA REAL. 1987.- 1ª Exposición de Artistas Gallegos Alecrín. Concello de VIGO. 1989.- Sala de Arte “Laxeiro”. VIGO. 1990.- Sala de Exposiciones del Aula de Cultura de Caixa-Orense de ORENSE. 1991.- Centro Cultural. BAYONA. 1991.- HOSTAL de los Reyes Católicos en SANTIAGO. 1991.- Sala de Exposiciones de la Caixa de Aforros de ORENSE. 1991.- Sala de la Casa de la Cultura. MONFORTE DE LEMOS. 1991.- Sala del Círculo de las Artes. LUGO. 1991.- Sala de la Casa de la Cultura. VILLAGARCIA DE AROSA. 1991.- Sala de Exposiciones del Teatro Principal. PONTEVEDRA. 1991.- Sala de Exposiciones de Caixa-Vigo. VIGO. 1991.- Sala de Exposiciones del Museo Municipal “Bello Piñeiro” en FERROL. 1991.- Sala del Palacio de Congresos y Exposiciones. LA CORUÑA. 1991.- Sala Laxeiro: XXX Artistas Gallegos. VIGO. 1992.- Galería Montserrat. NUEVA YORK. 1993.- Sala de Arte “Museuni”. FERROL. 1994.- Nueva Sala de Exposiciones de Caixa-Vigo. VIGO. 1994.- Sala de Arte de Caixa de PONTEVEDRA. 1997.- 1ª Bienal de Arte del Mar. BAYONA. 1999.- Pintores Gallegos de los siglos XIX y XX. Hostal de los Reyes Católicos. SANTIAGO DE COMPOSTELA. 1999.- Nueva Sala de Exposiciones de Caixa-Vigo. VIGO. 1999.- Sala de Exposiciones del Club Financiero. VIGO. 2000.- Feria Internacional de Arte de NEW-YORK. J y C Art Gallery. 2000.- Sala de Exposiciones de Xuventude del Centro Gallego de LISBOA. 2001.- 7ª Exposición Internacional de Vendas Novas. PORTUGAL. 2001.- Artesfera. BENIDORM. 2001.- Artec. CASTELDEFELLS. 2001.- Sala del Hotel Carlos I de SANXENXO. 2001.- Sala del Aula Socio-Cultural de Caixa Galicia. SANTIAGO. 2002.- Galería Toranto. BARCELONA. 2002.- VIII Feria Internacional de Vendas Novas. LISBOA. 2003.- Sala Crisolart. BARCELONA. 2003.- Sala Mario. BARCELONA. 2003.- Exp. Internacional de Vendas Novas. PORTUGAL. Infinidad de exposiciones de carácter social. Obra en el Museo de la Fundación CELTA. Fondo de Galería de Euro-Arte. VIGO. 2004.- Exp. Internacional de MIAMI ART CENTER. MIAMI. 2005.- Exp. Internacional de Vendas Novas. PORTUGAL. LALO VAZQUEZ XIL UNA PINTURA FIEL, POETICA E INTIMISTA. Cuando el entendido se adentra en la pintura de Baley (María Isabel Pérez), siente como una dulce inquietud indecible cual si penetrase en un bosque umbrío al que acuchillan tenuamente, gozosamente, rayos de luz cambiantes con tonalidades dispares, que le envuelven en un grato deleite. Y si continúa, notará, poco a poco, que se abstrae en un mundo íntimo, amoroso, en un ámbito conocido. Esto, que dicho así, no parece más que una nota poética – y lo es-, viene a ser, también en cierto modo, el arco, la clave que sostiene y justifica la pintura de Baley. Y es así, porque la pintura produce esa desazón grata y gustosa tanto por su variación técnica como por su temática, su colorido y su concepción. Por lo pronto hay que indicar que Baley trabaja con oficio bien sabido, buena técnica aprendida con buenos maestros, mejorada con el uso cotidiano, y con ambos – esto es muy importante-, hace lo que quiere, presenta y crea lo que le pide su momento anímico. Por eso su obra no se encasilla en la monotemática o en la monocromía con que puede engañarnos la impregnación de todos sus cuadros de ese intimismo poético en el que insisto. Ni cae, por asomo, en lo que estúpidamente alguien pudiese llamar pintura femenina (como si ésta existiese específicamente. Pinta la mujer y pinta el hombre y basta; no hay distinción manierista de ningún tipo en el auténtico artista). Cada cuadro de Baley es un mundo, un hecho, un esfuerzo y un instante-más o menos largo-. Y hablo de la intimidad refiriéndome a la interioridad personal , propia de cada uno. Los cuadros de Baley la reflejan. Su grafía, su color proceden de su estado de ánimo, del ambiente que la rodea, de las causas que la motivan. Así, sus paisajes, flores, bodegones, jardines, interiores, son, en ocasiones, delicados, pintados con ternura y en otras más duros en descripción, más realistas, más tocados de fuerte entorno lumínico. Y sus colores sugerentes, acordes con el instante: luces que envuelven en tonalidades amarillas, carmíneas, todo el entorno de una cierta presencia viva en íntima que captará al instante el espectador. Esto da más fuerza, sobre todo, a sus paisajes, de muy variadas tonalidades, que inquietan nuestro espíritu-¿pretende eso Baley?-al contemplarlos. María Isabel no pinta “para la galería”, -para lo que podríamos llamar el relumbrón del egoísmo vanidoso-, para agradar a todos. No lo precisa. Ha llegado a una madurez que le manda hacer en cada hora lo que quiere. Y eso se nota en su diversidad y desmesura creadora, porque pinta y pinta, acuciantemente, con una vocación insobornable. De ahí que se vea desbordada en su búsqueda, característica esta también de la pintura de Baley en la que se vislumbra su lucha incesante ante las sensaciones procedentes del exterior. En nuestra pintora se produce, como en todo artista,-lo dijo algún clásico- la percepción artística y la poética (poesía es creación, en griego), pero quizás con más peso la última. Con la primera siente la forma; con la segunda llena sus cuadros de pasión-meditada y sosegada-, y por eso esparce sus ideas –en la obra- a su antojo, porque le sobra oficio. En una crítica al uso habría que decir que Baley domina la “cocina pictórica”.Pero esto no bastaría. Baley pinta lo que quiere y como quiere, lo que hace su obra valiosa. Si otro clásico dijo, más o menos, que la obra de arte es un todo efectivo, cerrado y se funda para sí y en sí y esta realidad existe para sí, se contrapone en cierto modo a la naturaleza, la pintura de Baley cumple con ello. Y esto y el goce que desviene no debe perdérselo el espectador al contemplar su obra, porque Novalis –clásico recordado- afirmaba que “el primer hombre es el primer visionario (espectador)”. Aprovéchense de la buena pintura de Baley. Lalo Vázquez Xil Cronista Oficial de Vigo Miembro del Instituto de Estudios Vigueses Ex Director del Museo “Quiñónes de León” Laxeiro Galicia está siendo, ya se puede decir, un jardín de las delicias de la pintura. En este jardín de la plástica gallega ya cuenta la pintora Baley. En su obra pictórica hay un aliento de creación: rigurosa en la composición, su color está sentido de adentro a fuera. Baley: eres pintora, sigue tu camino sin ataduras. Laxeiro Colega Baley: Si te agradan estos renglones quédate tranquila y contenta. Un abrazo para la pintora, otro para el Dr. y dos para tu mamá. Laxeiro Pintor de Lalín y anarquista indolente Madrid 3 Febrero 84 Pablos LA PINTURA es, ha sido siempre, un proceso de transformación de la realidad entorno. Consecuentemente, en toda pintura hay abstracción, y constituye error suponer que sólo los informalismos son abstractivos. Partiendo de lo inmediato, la naturaleza, los objetos de nuestro medio, BALEY llega a su peculiar pintura mediante idealización de las referencias, de modo que lo que está en sus cuadros nace en ellos, porque estrictamente no es referencia cabal de nada, sino alusión, que la artista se ha permitido, muy lícitamente, aglutinar, simplificar, para que sea lo que su concepción plástica ha sentido. Esto es posible desde que Gauguin nos ofreció un caballo azul, desde que Chagall quiso que los violinistas volasen. BALEY se mueve en un mundo plástico muy tradicional y sin embargo el resultado de sus cuadros es diferente, personal, porque sabe dotarlos de considerable subjetividad. Están en ellos, si, las flores, los objetos domésticos. Más a su modo, como la pintora quiere. A veces, con la simplicidad de un Morandi. Otras, con la agresividad de un contenido expresionismo, porque, pese a la inmediatez con que se manifiesta, hay siempre cierto lirismo de ensoñación que es, al fin, su temperamento, su propio e insobornable sentir. LLEGA incluso a suprimir las referencias formales, y algunos de sus paisajes son eminentemente eso, paisajes, porque la naturaleza alcanza ese grado cuando ha sido sentida, rumiada, metabolizada por un temperamento artístico, de manera que sea el color quién todo lo diga, y estemos ante sensaciones transmitidas, no ante referencias. NADA de pintura femenina. Pintura de pintor, de artista, porque la pintura, ya lo dijo Leonardo, es cosa mental y sentir, que es tanto como ver y comprender, no tiene sexo. Fuerte, expresiva, alegre y muy directa pintura la de BALEY, incapaz de dejar indiferente a un espectador sensible y atento. PABLOS Dorothy Roatz Myers Nueva York, Septiembre 1.992 El evento de la Exposición en la G. Montserrat, que colgó sus obras desde el 1º de Septiembre, mostró el trabajo de seis artistas, los cuales han recibido los honores en el área del arte internacional:.......Baley.......Sus estilos siguen la gama del duro avance del realismo hacia la abstracción, construído con el color y divisiones espaciales. De las cinco espléndidas pequeñas pinturas que Baley tiene en la muestra(Exhibición). DERECHAZO y ESTOQUE, son superiores en muchos aspectos. Son fuertes y tienen una apropiada intensidad de ejecución. Baley adapta su estilo al tema. Su pintura la maneja o trata de diferente forma, como BODEGÓN. Este cuadro está ejecutado con gran tonalidad, suavente y fortuito y detenido detalle, realizado a pinceladas (o con el pincel). Habilidad de adaptación es un talento en lo necesario. Esta artista lo tiene todo. Sinceramente. Dorothy ROATZ Myers. En revista de arte ART TALK y PAUL CADRMS. Carlos Martínez Barbeito Presentación Sin abandonar del todo la fidelidad a un cierto clasicismo –entendido sólo como contraposición a las vanguardias de este siglo- la pintura de BALEY constituye como un referente alternativo a cánones impresionistas y expresionistas, por extraña que parezca esta pacífica convivencia de dos oponentes en una misma mano creadora que así demuestre su versatilidad y su independencia. La línea, el color y la luz son la materia, si así puede llamarse a lo casi inaprensible, con que juega esta atrayente pintora gallega que toma como asuntos preferidos para sus cuadros el paisaje de su tierra y la floración de ese paisaje. Trata, sí, a la naturaleza sin traicionarla en lo esencial, pero no deja de insuflarle un soplo de lirismo que la vuelve más delicada y alguna vez evanescente. El buen gusto, por lo general tan olvidado y hasta desdeñado por los feístas, alienta en la obra de BALEY, artista original y de primera fila que empieza a ser altamente apreciada por su sensibilidad y por su maestría. Carlos Martínez Barbeito Presidente de Honor de la Real Academia Gallega de Nuestra Señora del Rosario. Castro Couso LA PINTURA DE BALEY PEREZ SÁNCHEZ La realidad cotidiana trasmutada mediante el poder creador de una artista en una obra pictórica de puros valores estéticos. Una continua búsqueda de la composición, que pueda brindar un nuevo y diferente aspecto de las cosas en el continuo hurgar del pincel en la superficie de la tela, es la pintura de Baley, que con soltura se mueve constantemente en ritmos variados, otorgando esa sensación tan vital que indefectiblemente se percibe en sus bodegones que, lejos de las agotadas fuentes de la tradición, encuentra siempre un nuevo modo de organización. Esa pauta vital creada por los ritmos, es acentuada en las flores, donde la pintora juega constantemente en ritmos radiales alrededor de un centro que, concentrándose en un punto, juguetea hasta conformar una serie de explosiones que se suceden jerárquicamente hasta las profundidades infinitas de la obra. Así es como ésta llega a ser algo más que las flores ó el bodegón, ya que utilizando esa composición o esos ritmos, consigue crear una obra donde los valores plásticos tienen la primacía; la temática llega a ser una excusa para ello. Pero más allá aún de los valores plásticos, esa libertada temática, le permite volcarse total y anímicamente en la tela, para otorgarle una trascendencia de un nivel espiritual que, de otro modo quedaría suprimido. De ahí, que las intensidades en puntos focales ó los agrisamientos ordenados estáticamente, sean producto de un estado de ánimo donde la mente dirige y la sensibilidad trabaja, para lograr esa infinita calma complementada por el vital dinamismo interior de la obra. Armonías de cálidos de grises, movimientos convergentes, alternancias de claros y oscuros, significan la organización medida de las formas; paralelamente a ello un clima anímico que da a la pintura ese sabor intimista con un cierto álito de grandiosidad, muestra como conclusión un pintura de técnica perfecta, de calidad plástica sobremanera y con un mundo de cosas en el decir. CASTRO COUSO Ramón Faraldo Ansias de Volar Como el viento del Norte, llegó BALEY, la pintora, con su extensa producción debajo del brazo, es decir, una floresta o jardinería de calas, floreros<< sube lenta una nostalgia, no de luna, no de amor, nostalgia de un jardín sobre una mesa>>, dijo Salinas y acertó en parte. Hay más amor que nostalgia, más pasión lunar y terrenal, más ardimiento, más VAN GOGH que DAVID, más arrebato que prudencia en esta obra extensa, tumultuosa, inocente a veces, sabia otras, pero en ningún caso baldía incidental o casual. A mi, la verdad, me arrasó esa vasta selva de pétalos, estambres, corolas, tallos erectos, ondulantes, inhalando rocío, silencio de violetas, clamores de primavera, otoño, triunfos de lo que es, llámese petunia, mimosa, siempre viva... Con estos elementos delicados, BALEY va construyendo su PORTICO DE LA GLORIA, que no se aspira como el de MATEO, sino que se inhala como un paraíso, se constata como una arquitectura mejor que impenetrable, abierto a todos los párpados, generosa hacia todos los gustos, soberana y acogedora, como la buena SAMARITANA. De pronto, me habló de CEZANNE, el supremo, el ángel de las buenas, costosas y en suma, adorables pinturas, que aspiran a ser más que a parecer, a vivir como corazones más que a yacer como estatuas. La pintora sabe siempre lo que hace. Lo sabe hasta el punto de dejarse arrebatar por su ensueño, por su amor a la libertad dentro de una conciencia y una ciencia más que suficientes para que nadie la reproche (su obra) de caprichosa o azarosa. Toda su obra de interior y de paisaje responde a un número de oro, a una geometría rigurosa, que guía, ordena, estructura, equilibra, sitúa en su lugar la curva, arabesco, cúspide y base hasta hacer de cada cuadro una suerte de álgebra anímica, una trigonometría de líneas, de inhalaciones, aromas, párpados, círculos, estrellas. Sabe lo que hace. Hace lo que ama. Pregona la libertad por vía del querer. No se parece a OFELIA que <>. Se parece a sí misma, aunque prefería, además de las flores, no pasar, quedarse con alguien amado a la sombra de sus cuadros. VAN GOGH, CEZANNE, CHAGALL... coincidencias de siglo, más que de estilo. De época más que de inspiración. No cultiva el tipismo, aunque podría. Es más universal que orensana en cuanto a inspiración, aletazo y plenitud de vuelo. Si me dieran a elegir, quizá preferiría sus pueblecitos en rosa ámbar, ciclamen, como de muñecas, pero deliciosamente habitables. Si, llegó y partió. Como el viento del Norte. Ramón Faraldo P.D.- El cuadro nombrado<>, en el que unas calas aletean ávidas de ascender, de más allá, de altitud, de aurora, define admirablemente el anhelo ascendente de esta pintora. Y nada más. Como el viento, señores, como el viento... Fernando Mon El color en las obras de Baley, es, sin duda alguna, un elemento sápido de su obra. Y un elemento de cualificación, porque, cuando la pintura se abre al paisaje o a la naturaleza muerta, hay que tener presentes los matices coloristas que son, en definitiva, los que han de asignar virtualidad a la obra. En Baley esta pintura, es trasunto de un modo muy particular de ver el paisaje gallego, no sólo en la variedad archiconocida de sus verdes, sino en esa particularidad no tan presente –cuando menos omnipresente- que sabe arrancar el artista que ha estado escudriñando desde una atalaya sensible el espectro profundo de su peculiaridad cromática. En este sentido tendrían mucho que decir los neo-impresionistas de principios de siglo que han seguido fieles a las combinaciones de la luz, y a sus proyectos cromáticos como resultado de un serio quehacer artístico. Baley tuvo muy en cuenta las circunstancias que validan un paisaje y, a fuerza de sensibilidad, a fuerza de depuración de la retina y, eso sí, alcanzando unas técnicas muy originales en la visión paisajística, dio con la almendra misma de unos paisajes que, por originales son distintos, cuando menos, sometidos a una concepción particularizada y a una justa individuación de su talento. Muchas veces viendo un paisaje de Baley, esta pintora viguesa que ha captado el entorno de su bella comarca, podemos figurarnos como comenzarían a examinar la luz y el color aquellos artistas que no quisieron adocenarse en los verdes tópicos, como si el paisaje gallego no tuviese otras riquezas cromáticas para manifestar en el cuadro. Precisamente el paisaje gallego, es tan complejo en su aspecto lumínico, que el solo hecho de haberlo desentrañado sitúa a nuestra pintora en un plano creacional de alta jerarquía estética. La exposición que contemplan ustedes pertenece, repetimos, a una visión particularizada de las posibilidades de un determinado paisaje, que por cierto, ya es universal puesto que contiene unas formulaciones muy precisas. Los acuarelistas ingleses del siglo XIX decían que un paisaje es un estado de alma. Y nada mejor cabe en Baley que esta frase atribuida a los sapientes maestros ingleses porque precisamente toda la obra de Baley es eso: un estado de alma... Fernando Mon Numerario de la Asociación Española de Críticos de Arte Fernando Mon Presentación Nuevamente, con el natural agrado de la correspondencia por parte de la pintora, presentamos una exposición de BALEY, Mª Isabel Pérez Sánchez, que nos sorprende con el fruto granado de su arte. Creo que la pintura de Baley, sigue en la línea de la elucidación de los caracteres plásticos; elucidación en el sentido de que sus cuadros ofrecen siempre una claridad expresiva de primer ordeny, como tal, las síntesis comunicativa que debe portar toda obra plástica. El mundo de los paisajes y de las figura están representados con una singular nitidez –orden, canon, luz y color- hasta el punto de constituir un todo armónico y una euritmia de valores sustanciales, que van desde el trazo primigenio hasta la elaborada resultante de unas vivencias experimentadas en el entorno vital de sus conocimientos. El entorno de BALEY es, precisamente, el telón de fondo que le sirve a sus cuadros: Galicia, y con ella, la clarificación de su paisaje pontevedrés, autentificado por una visión particularizada del mismo. Al lado de este dato autentificador, tenemos el propio poder imaginativo de la pintora, que, las más de las veces, acredita y aún jerarquiza esos datos de identidad del artista con el entorno al que antes aludía. Para Cezanne era fundamentalmente el Mediodía de Francia, al tiempo que, intuitivamente, abría, roturaba los primeros caminos para el impresionismo. Ha sido una auténtica roturación en el campo del arte. En este sentido, BALEY hizo su propio camino que, día a día, intuición a intuición, imagen a imagen, ha dado como resultado esta exposición que ahora tenemos ante nosotros y que, repito, se ha constituido en el fruto de un esfuerzo total. Esto lo vieron los paisajistas ingleses del siglo XIX y, aunque con riqueza cromática insospechada, lo está viendo la pintora viguesa, ahora mismo dueña de un mecanismo estético de primer orden. La exposición, que la tenemos aquí como expresión de una visión globalizada del paisaje gallego, tiene la virtud de acreditar a una pintora, que además está en posesión de unas dotes artísticas poco comunes. Fernando Mon Numerario de la Asociación Española de Críticos de Arte. La pintura de Baley Baley, a pesar haber estudiado Perito y Profesor Mercantil en Vigo, donde tuvo como profesor de dibujo a Carlos Sobrino, sintió desde niña la necesitad de pintar. Por ello estudió durante cinco años dibujo, composición y pintura con Castro Couso y Martínez Pasarín en su Taller de Arte Abracadabra, en el que se constituyeron los grupos artísticos “Avangarda” y “Arcodavella”. Eran los años setenta y estas dos agrupaciones respondían al panorama artístico del momento en el que los artistas de la “Nueva Generación”, definida así por J. A. Aguirre en 1967, se dividían entre los que seguían corrientes abstractas y los que adoptaban las neofiguraciones. Baley se integra en el “Arcodavella”, que participaba de las propuestas neofigurativas, y con él expone en 1978 en la Plaza de la Princesa de Vigo, espacio artístico que en esa década fue testigo del inicio de la modernidad del arte gallego a través de las “Exposiciones de Arte al Aire Libre”. A esta muestra de 1978 le siguieron una larga lista de exposiciones colectivas e individuales tanto dentro como fuera de España, llegando a exhibir su obra en 2002 en Nueva York y en 2004 en Miami. Durante veinte años compartió la pintura con la enseñanza de dibujo, en la Escuela de Comercio de Vigo, y desde entonces se dedica exclusivamente a pintar siguiendo el consejo que un día le dio Laxeiro: eres pintora sigue tu camino sin ataduras. Su obra, como ya hemos dicho, se adscribe dentro de las corrientes neofigurativas que habían surgido en la década de los sesenta como reacción al informalismo y que en la década de los setenta estaban ya asentadas. De todas ellas se interesa por el realismo expresionista, que aplica a la figuración el proceso gestual del informalismo matérico, y por el realismo intimista en el que el protagonismo está en los objetos y no en el proceso creativo. La opción de uno u otro depende del tema y siempre su pintura muestra un estilo personal que no transcribe los objetos tal y como son, sino que los traslada al lienzo tras un proceso de transformación y análisis en el que son tamizados por la imaginación y los sentimientos. La pintura de Baley no pretende reflejar fielmente un objeto o un paisaje, sino que éstos son un simple pretexto para transmitir los sentimientos que le inspiran convirtiendo sus representaciones, tal y como lo expresó Fernado Mon, en un estado del alma. En los temas de paisajes y jardines no duda en transgredir los colores de la naturaleza, utilizados de manera simbólica, para motivar en el espectador la misma sensación que a ella le producen, con el propósito de ponernos en su punto de vista y transmitir su visión subjetiva de cada escena, tal como sucede en Puesta de sol. Tanto en los paisajes como en los jardines refleja el constante cambio que experimenta la naturaleza a través de una pincelada gestual y espontánea propia del automatismo informalista que adopta el realismo expresionista. Dispone la materia con fuerza alternado los gruesos brochazos aplicados con decisión, las pinceladas largas y empastadas sin concesión a la rectificación, y los toques instantáneos de brocha sin deslizar sobre el lienzo con los que consigue puntos de luminosidad. El resultado es una obra de fuerte valor expresivo como Desde el Balcón, Vista de un río u Olivo en el atrio, en esta última aplica una base de arena en la zona inferior sobre la que dispone el color para incidir en la textura de la materia y que de este modo aumente su fuerza expresiva. Muchos de estos temas no se corresponden con escenarios reales, sino que son paisajes transformados en su imaginación y con frecuencia le sirven para iniciar una serie de cuadros, de tamaño más reducido, que en sus fases finales pierden todas las referencias figurativas adoptando la abstracción y buscando sólo la expresión de la materia a través de la textura y el color. Las series, en las que el mismo motivo es reinterpretado sucesivamente, son un recurso habitual en las corrientes neofigurativas y fueron un método frecuente tanto en la obra de Bacón, como del pop americano o del realismo que surge en el arte español de los cincuenta y se desarrolla en las décadas posteriores: el realismo mágico del grupo de Madrid, entorno a Antonio López, y el intimista de Sevilla representado por artistas como Carmen Laffón o Teresa Ducrós. Este último modo de interpretar la realidad ligada al mundo de los objetos cotidianos es el que Baleyescoge en sus bodegones, formados por objetos sencillos que le son cercanos. En estos casos aminora el ímpetu gestual y recurre a una pincelada más sosegada y enriquecida por las veladuras con las que consigue crear una atmósfera envolvente y sugestiva que refleje la intimidad y que al mismo tiempo transmita la relación de la artista con los objetos. Observamos pues en su obra una clara dicotomía entre el espacio que le es próximo y el lejano, diferencia que como acabamos de señalar no se establece sólo en los temas sino en el modo de transmitirlos. Lo íntimo, lo conocido, su mundo interior lo expresa con sosiego y orden, el mismo que comunica su propia paleta, quizá la más fiel definición de un artista, y lo externo lo muestra con toda la fuerza que a ella le inspira. Es importante destacar que no siempre los objetos que le son cercanos están en el interior de un hogar, en ocasiones son rincones de su propio jardín en los que hay un grupo de macetas o unas plantas. En estos casos la relación que se establece con los objetos es la misma de los bodegones por tratarse de elementos que le son cercanos, Rincón pasado, y que nos cuentan una historia que es próxima. Por ello su figuración nunca responde a una visión surreal y recurre siempre a referencias espaciales que sitúen la escena en un ambiente reconocible y creíble, generalmente a través de referencias arquitectónicas. Entre los dos mundos debemos situar “las ventanas” que hacia el exterior expresan la fuerza de los temas de paisajes e intuyen la vida cotidiana del interior, tal como ocurre en Gatos tristes detrás de un cristal donde los animales transmiten el espacio intimo que se desarrolla tras los cristales. Por último es importante hacer una referencia al color que siempre es puro. Huye de los tonos apagados y busca la viveza del colorido que se expresa de modo especial en las flores, tema pretexto que le permite una mayor libertad de tonalidades. El color, en muchas ocasiones puro o mezclado en el lienzo, llega a convertirse a veces en el protagonista de la obra, como si de un guiño “fauve” se tratase. Beatriz de San Ildefonso Rodríguez Conservadora del Museo de Pontevedra

Baley - María Isabel Pérez

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